viernes, 22 de junio de 2018

Oasis

Abrió sus ojo, una luz cálida comenzaba a elevarse en el horizonte, su sentidos estaban aturdidos, sólo podía percibir una leve brisa de verano en el rostro, la imagen en principio fue borrosa, pero a medida que recuperaba la vista y la conciencia, al mismo tiempo el sol comenzó a iluminar el paisaje y pudo darse cuenta de que estaba perdido, todo lo que podía ver en kilómetros a la redonda era un desolación desértica, comenzó a desesperarse a medida que el sol elevaba la temperatura del desierto, con cada segundo que pasaba la arena se volvia mas y mas caliente.

No entendia como habia llegado hasta allá, como había terminado en el medio del desierto, lo primero que pensó fue que era hombre muerto, pero solo estaba subestimado la capacidad humana de adaptarse a los cambios, que en este caso los llevaría al límites de la imposibilidad.
Cuando su cerebro dejó de maldecir y formular preguntas sin sentido, se enfocó en una sola cosa, soluciónar su problema, tomo conciencia en la forma que quería morir y sólo tenía 2 alternativas posibles, esperar a la muerte sentado o empezar a moverse. Sin pensarlo demasiado, comenzó a caminar, dedujo o por lo menos así lo creía él, que si el sol se mueve de Este a Oeste, entonces debería ir hacia el Este, ya que la civilización no se adentraron  en el desierto, sino que viviría cerca de las costas y también que si se dirigía en esa dirección la oscuridad de noche, le permitiría recorrer más terreno, acortando distancias ente la civilización y él, tambien lo podria hacer mas rápido que bajo la insoportable vista del sol. Pero...y si estaba equivocado? Al fin de cuentas no sabía dónde estaba, podría estar en otro continente y en vez de acercarse a la civilización se estaría adentrando en lo profundo del desierto...se detuvo, pensó un instante y continuó, al fin de cuentas, lo unico seguro que tenia en su futuro inmediato era su propia extinción.

Bajo el abrasador calor del desierto, continuó caminando sin rumbo, sólo habían pasado un par de siglos desde que se despertó y comenzó a camina, o por lo menos eso creia, se tambaleaba de un lado hacia el ótro, parecía como que estaba sometido a la campichosa palma caliente del viento, que lo llevaba de un lado hacia el otro, sin poder caminar firme y en líneas recta, sus labios eran 2 cáscaras fundidas, le costaba pensar racionalmente, divagaba, veía cosas entre las dunas, personas, animales, pero al final sabía que nada podía sobrevivir a ese paraje del infierno.
Y entre los continuos azotes de sus visiones, le pareció ver una palmera y se preguntó si era otra jugarreta de estas tierras inhóspita, y pensó que perdido por perdido, valdría la pena averiguar de qué se trataba. A medida que se acercaba al lugar, una frondosa vegetación brotaba de entre las dunas, entonces comenzó pensar que tal vez, si había palmeras debería haber agua, quería correr con Todas sus fuerzas, pero le era imposible, ya no tenía fuerza alguna, así sólo se dedicó a avanzar, sin detenerse, su cuerpo ardía en llamas y sólo quería descansa bajo la sombra de esa hermosa vegetación, parecía que cada paso que daba hacia aquel lugar lo alejaba de él, llegar era imposible.
A esa altura del día ya se encontraba caminando con sus cuatro extremidades, cuando por fin llegó, sus enorme hojas cubrieron su cuerpo y sintió un alivió inconmensurable, tanto que se quedó dormido unos instantes, al recuperar algo de conciencia se adentro un poco más y vio un espejo de agua, lo miro detenidamente y se abalanzó en su interior, quería beber toda el agua que había en ese estanque, la alegría de saberse que no moriría por el momento, le hizo soltar una carcajada de alegría y de locura, que explotaba desde su interior sin poder, o mejor dicho, si querer contener y seguido a esa alegría de sus ojos comenzaron a brotar las lágrimas más intensas y sinceras que jamás experimeto. La pregunta que continuó fue....y ahora que?
Que dure lo que tenga que durar, pensó, y lo repetía en su cabeza, una y otra vez...
A disfrutar que estas oportunidades no se dan todos los días, una cosa era seguro, ya no iba a transitar el desierto sin un recuerdo de Su Oasis.

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