- De donde eres? - le preguntamos (al unisono) los pocos que estábamos reunidos en el oscuro y frio salón principal, en donde sólo la luminosidad central lo cubría por completo.
- De donde duele...
Sin rodeos pensé, y continuó...
- De donde la vida, respirar y amarse duele, donde la injusticia es moneda corriente y donde la empatía se perdió hace mucho tiempo...
Concluyó tristemente.
- Eres del tercer planeta al que su especie llama Tierra - acote sin pensar y en vos alta, para darme cuenta que al levantar la vista todos estaban viéndome. Si, ese extraño y pequeño ser, era del tercer planeta de la pequeña estrella blanca, llamada Kéenyenken
- Me gusta leer - dije y continué dirigiéndome al Terrano - me llamo Kóoch, acaso sabes porque estas aquí? - le pregunte.
Sus ojos se llenaron de temor y lágrimas forzosamente contenidas, sin comprender muy bien que sucedía respondió
- Si...
-Acaso sabes lo que te ocurrirá a continuación? - le pregunté
El Terrano seguía ahí en el medio del salón, con la mirada directo a la luz y tendido en la fría camilla re generativa, cerro fuerte sus ojos, una lágrima recorrió su pómulo hasta llegar al oscuro piso, apretó fuerte sus puños, soltando un tembloroso y escueto
- Si...
- Bueno - respondí altivamente - toma mi mano y levántate...tú viaje recién comienza...pequeño
El-lal...

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